martes, 16 de enero de 2018

Martín Salazar | PRIMICIA Y PROCLAMA PROFÉTICA

Es parte de nuestra visión ministerial consagrar como primicia para Dios el 1er Día del Año, convocando a La Casa para celebrar al Señor, para levantar un clamor unido por nuestras familias, por la iglesia y por el país; y para proclamar proféticamente la directiva de Dios para el nuevo año.

Proclamar está basado en La Palabra.
Vemos, por ejemplo, en Lucas 4:18,19 que Dios Padre envió a Su Hijo, entre otras cosas, para “proclamar”.

Proclamar algo proféticamente tiene que ver con dar la comisión, con mostrar el camino que se debe seguir (dirección).

Juan el Bautista (profeta) proclamaba arrepentimiento, preparando al pueblo para la llegada del Cordero de Dios. Su proclama era para esos días próximos; y los que lo escucharon se alinearon con lo que Dios estaba obrando en ese momento y estuvieron listos para cuando Cristo apareció.

La proclama de Jonás (profeta) para Nínive era de cuarenta días. Ellos lo escucharon y alcanzaron la misericordia de Dios.

En Lucas 4 vemos que dice “a proclamar el año”, de ahí tomamos para dar cada año, proféticamente, una guía, una dirección en lo espiritual, para dar los pasos que Dios quiere que demos como pueblo suyo.

Creemos en esto: que no salimos cada año “a ver qué sale”, a “probar suerte”, improvisando sobre la marcha, sino que vamos cada año avanzando sobre una dirección profética, caminando sobre una Palabra dada por nuestro Dios.

No es slogan. No es acordar un lema y luego anunciarlo. Ni mucho menos hacemos esto “porque esté de moda”. Se trata de comprender espiritualmente aquella bendición que tenía el pueblo de Israel, de contar con una tribu (la de Isacar) que era «entendida en los tiempos». Así nosotros, que hoy somos el Israel espiritual, podemos contar con esa unción profética de ser entendidos en los tiempos y entonces ir caminando con una visión profética anual, la cual presentamos en cada proclama.

Una proclama profética es una orden que se da en el cielo y los que somos oidores y hacedores la recibimos aquí en la tierra.

El que alcanza madurez e inteligencia espiritual, al oír una proclama profética, se agarra a esa proclama con uñas y dientes, le cree a Dios y camina sobre lo que Él anuncia.

En Lucas 4:18,19 se describe la comisión de Jesucristo. Allí vemos cinco cosas. De las cinco, dos son “proclamar”. Así vemos que el 40 por ciento de la comisión de Cristo era proclamar. Entonces es importante proclamar.

En Isaías 61 vemos que se es ungido y se es enviado para proclamar. Esa palabra “proclamar”, en Hebreo es la palabra ( קָרָא qârâ' ) Significa: llamar fuera para, anunciar, contar, convidar, convocar, decir, dictar, gritar, encuentro, intimar, nombrar, invocar, invitar, predicar, pregonar, poner, profetizar, promulgar, publicar, proclamar...

Es una invocación a algo que Dios va a dar, algo que Él ya determinó dar a su pueblo, y al revelárselo, éste lo invoca, lo pone, lo pregona.

Proclama’ tiene que ver con hacer una convocación, celebrarla con alegría, y anunciar la palabra recibida de parte de Dios para marcar un camino y tener una visión clara.

Dice La Biblia que el pueblo que no tiene una visión se desenfrena. 
El Señor, en Lucas 4, estaba diciendo esta es la comisión que me dio mi Padre, con esta encomienda he venido, a esto me voy a dedicar. Tenía una visión clara.
Qué lindo es que nosotros tengamos una comisión dada por el Padre porque si es de Él, entonces Él la va a respaldar.

Cada proclama profética está íntimamente ligada con la «Preparación del Camino».

Cuando alguien recibe una verdad debe salir y proclamarla. 
(Mateo 10:27) Lo que Dios revela en lo secreto, salimos a proclamarlo para bendición de todos. 
Por eso no se trata de un slogan, debe ser algo verdaderamente revelado por Dios, debe salir de la intimidad de Dios.

El Padre envió a Jesús a proclamar. Y Jesús proclamaba la proclama de El Padre. 
El Padre la pone para que el hijo la siga. El pastor, la cabeza ministerial de una Casa, es el que la pone para que toda la casa la siga.

Una proclama profética es una bendición inmensa. Es un regalo de amor de parte de nuestro Padre Dios.

Ptr Gral Martín Salazar

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